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Me llamo Lola y soy, igual que el protagonista de aquella novela de Rabih Alameddine, contadora de historias...

martes, 26 de mayo de 2015

Anónima...

martes, 19 de mayo de 2015

Todos los viajes


Todos los viajes buscan el cielo.

Los pasos de un caminante

transforman los paisajes en catedrales.

Cada vez que un autobús partió en mis días,

la luz tuvo instantes de vidriera.

Viajo para morir vívidamente.

Viajo porque los aviones

son altares de silencio

donde se lee mejor que en cualquier otro sitio.

En el movimiento de un coche

por la noche de una carretera

hay criptas de asfalto hechizado.

Y los cafés en los rincones de las ciudades lejanas

suenan como los tréboles de cuatro hojas

de las iglesias románicas.

Viajo para que mi pensamiento

tenga las alas abiertas

como una gaviota.

Mi sueño es que no haya

un solo paso en mi vida

que no sea viajado,

incluso los que doy en mi ciudad.

Un día mi destino cabrá, entero,

en esta palabra: peregrinación.

Cuando parto, mi espíritu se vuelve

un mantel de lino.

Cuando vuelvo, tengo un rosetón

en lugar de corazón.


Gabriel Magalhães

martes, 5 de mayo de 2015

Donde duermen los poetas

Tumba de Abelardo y Eloísa en Père-Lachaise, París
Tumba de Abelardo y Eloísa en Père-Lachaise, París. Fotografía de Eugène Atget
        Sé de un rincón en el mundo adonde va a morir la poesía. Un lugar mágico en el que los gatos viven y el tiempo se detiene. La muerte transforma la soledad en bullicio. El silencio en besos. La paz en interminables paseos por avenidas cercadas de árboles centenarios que gritan al caminante anda, anda que este es el lugar en donde reposan los sueños pintados de letras. De música. De libertad.

Está en Parísen la bella París, las puertas abiertas desde un día de mayo de 1804. Es la tumba de Oscar Wilde, de Abelardo y de Eloísa, de Apollinaire, Balzac, La Fontaine y Molière, de Proust, Prudhomme y Richard Wright… Se llama Père-Lachaise.

Père-Lachaise se llama el hermoso rincón del mundo adonde va a morir la poesía.
Lola García de Luna

Este breve artículo apareció publicado, por primera vez, el día 1 de enero de 2014 en el número 3 de Acantilados de papel. Revista literaria en busca de literaturas posibles