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Me llamo Lola y soy, igual que el protagonista de aquella novela de Rabih Alameddine, contadora de historias...

martes, 27 de enero de 2015

Unas líneas sobre... "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera

   Milan Kundera, "La insoportable levedad del ser"
       <<La verdadera bondad del hombre solo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales>>.
                                           Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

     Teresa huye de la madre que lleva prendida de su propio rostro. Su rostro es el de su madre. Teresa huye y arrastra consigo a Tomás.

     Tomás es uno de los mejores cirujanos de Praga.

    Tomás ama a Teresa y ese amor lo hace plantarse frente a una ventana. Y pensar. Pensar en por qué tiene que amarla.

     La insoportable levedad del ser es una novela mágica, y su magia semeja a la del mago que, como colofón a su espectáculo, saca de la chistera un hermoso conejito blanco.

     Volvería mil veces a leerla. La insoportable levedad del ser se parece a la miel. Dulce y lenta en su caída desde la cuchara que se adentró en el tarro que la contenía. Dulce y lenta

     Léela si aún no lo has hecho. Léela y cuéntame luego si es que, como a mí, no quiso quedársete pegada a las pestañas

martes, 20 de enero de 2015

Siempre nos quedará París...


La descubrí hace unos días. Pudo ser la portada del nº 3 de Acantilados de papel… y mi nombre está escrito en ella :)

     Gracias, Acantilados de papel

martes, 13 de enero de 2015

Las lecturas de mi 2014

       1.    Edgar Allan Poe, El pozo y el péndulo
       2.    Edgar Allan Poe, El corazón delator
       3.    Edgar Allan Poe, El barril de amontillado
       4.    Edgar Allan Poe, El gato negro
       5.    Edgar Allan Poe, La máscara de la Muerte Roja
       6.    Raymond Chandler, El sueño eterno
       7.    Edgar Allan Poe, El demonio de la perversidad
       8.    William Faulkner, El sacerdote
       9.    Edgar Allan Poe, Sombra (Parábola)
       10. Anton Chejov, Una mujer sin prejuicios
       11. José Saramago, Historia del rey que hacía desiertos
       12. Katherine Mansfield, El canario
       13. Juan Rulfo, Pedro Páramo
       14. William Faulkner, El oso
       15. Edgar Allan Poe, Silencio (Parábola)
       16. Edgar Allan Poe, El hundimiento de la Casa Usher
       17. Juan Valera, El cocinero del arzobispo
       18. Dino Buzzati, Una muchacha que cae
       19. Muriel Barbery, La elegancia del erizo
       20. Ryunosuke Akutagawa, Cuerpo de mujer
       21. Hans Christian Andersen, El soldadito de plomo
       22. James Joyce, Eveline
       23. Edgar Allan Poe, La isla del hada
       24. Edgar Allan Poe, El retrato ovalado
       25. Edgar Allan Poe, Berenice
       26. Edgar Allan Poe, Eleonora
       27. Edgar Allan Poe, Morella
       28. Edgar Allan Poe, Ligeia
       29. William Wordsworth, Los narcisos
       30. Ernest Hemingway, París era una fiesta
       31. Edgar Allan Poe, Metzengerstein
       32. Edgar Allan Poe, La verdad sobre el caso de M. Valdemar
       33. Edgar Allan Poe, Manuscrito hallado en una botella
       34. Marguerite Duras, Hiroshima mon amour
       35. Edgar Allan Poe, Conversaciones con una momia
       36. Edgar Allan Poe, El diablo en el campanario
       37. Francis Scott Fitzgerald, El gran Gatsby
       38. Carlos Ruiz Zafón, El Prisionero del Cielo
       39. Mario Vargas Llosa, La Fiesta del Chivo
       40. Milan Kundera, La insoportable levedad del ser
       41. Irène Némirovsky, El vino de la soledad

Esta es la lista de las novelas, de los cuentos, de las historias que me garabatearon el alma ese 2014 que ya se ha ido: en el orden en que las leí, cada una con un cachito de mi vida prendida para siempre de sus páginas

martes, 6 de enero de 2015

Ladrones de lágrimas

Gare d'Orsay
          
          Al sol se le oye llorar cuando se muere.

Cada tarde, cada tarde se le oye.

Muy bajito.

Por eso tienes que poner mucho cuidado. Fijarte bien. Que su llanto no está hecho de voz. Ni sus lágrimas son líquidas.

El sol llora con luz.

Con luz enrojecida y dolorosa. Con luz que se cuela por entre los raíles de las vías del tren y se condensa en charquitos de lágrimas luminosas que te salpican cuando los vagones del convoy les pasan por encima. Y los deshacen.

En mil gotitas.

Los deshacen.

Por eso a todo el mundo le gustan las estaciones de tren. Por eso les gusta sentarse al atardecer en los bancos de piedra que jalonan sus andenes.

A esperar.

Y mirar arriba. Arriba. Por encima de la cabeza del hombre de la bandera.

Al cielo.

Y aunque sé que no me creerás te voy a contar un secreto, presta atención, porque no sabes que muchos de los viajeros que ves a esa hora en los andenes ni siquiera lo son. No sabes que no están allí para coger un tren. Ni que algunos quizá mueran sin haber subido a uno.

Pero les da igual.

Porque lo que ellos buscan en la estación no es el traqueteo amodorrado de los trenes. Ni su incansable historia de caminos y más caminos. Ni siquiera las almas que escupen y que recogen a cada paso, les interesan: ellos solo quieren pararse con las manos extendidas y recoger lágrimas.

Con las palmas formando cuenquitos.

Muchas lágrimas.

Cuantas más, mejor.

Las lágrimas del sol que llora porque se muere y solo se oye morir en la estación.

Hasta mañana.

Hasta mañana que regresen de nuevo. A por más lágrimas. Cuando el sol se esté muriendo.

Regresarán.

Lola García de Luna

Este relato apareció publicado, por primera vez, el día 30 de octubre de 2012 en Cavea. Revista Cultural 2.0